Se nos daba por abrazarnos terriblemente fuerte, decíamos que nos alcanzaba con el apretuje para demostrar cuánto nos queríamos. Parecíamos bastante idiotas, supongo, pero no teníamos remedio. Nos pasaba de entrar a un telo y quedarnos hipnotizados con el espejo del techo. No cogíamos. Nos quedábamos vestidos, mirando nuestro reflejo. Porque nos encantaba vernos juntos, éramos una imagen perfecta. Estábamos admirados de nosotros. Por eso no podíamos dejar de mirar el cuadro que pintábamos en el techo de un telo andrajoso que habíamos pagado menos de quince pesos. Sí, de tanto atrás te hablo, me contaron que ahora salen más del doble y me hablaron de los más piojosos. Yo hace mucho que no piso uno. Claro que después cogíamos, como si se fuera a acabar el mundo esa noche. Y nos mirábamos a los ojos un rato largo, tendidos en la cama. Y todo podía pasar afuera pero no importaba. De hecho pasaba, “la crisis dejaba dos muertos”, el peso se devaluaba, Nicole no adoptaba un negrito, las camareras olvidaban pedidos y alguien cruzaba semáforos en rojo. ¿Cuándo dejamos de abrazarnos así?, decime, ¿te acordás? ¿Cuándo fue que un polvo se convirtió en querernos? Yo no sé. Me limito a brindar por la noche del telo con espejo en el techo. Dejame que me acuerde de nosotros vestidos y abrazados y que piense que afuera todo importa una mierda.
domingo 31 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




7 ladridos acuáticos:
Yo sabía que para algo más tenían que servir esos espejos ahí arriba...
Muy lindo!
qué buen recuerdo, espejo del telo, tumbados, buena remembranza la suya.
saludos
Yo como que soi muy voyeur, pero, basta de la primera persona, como que cada vez se siente un pulso mas novelero acá ¿no? Beso!!
me gusta pero me dió un poco de tristeza, saludos!
Esa sensación de vivir un momento de hedonismo mirándose en los espejos del telo es algo que jamás se me hubiera cruzado por la cabeza. Es más, cuando leí éste post me reía imaginando la curiosa situación. Después, el mero echo de "coger" como decís vos y de permanecer mirándose y abrazados olvidándose del mundo es momento de conectividad que lamentablemente cuando pasa uno no lo percibe, lo valora después, cuando ya pasó. A veces me pregunto porqué la vida no nos dará señales claras de que estamos viviendo un momento feliz y bárbaro, siempre lo valoramos cuando transcurrió, cuando en la memoria queda como una vieja polaroid amarillenta.
Saludos.
Hacía tiempo que no leía algo que me gustara tanto.
Hacía tiempo que no leía algo que me gustara tanto.
Publicar un comentario en la entrada