Volvió. Dijo que no había podido sacar fotos ahí por la angustia que el lugar le produjo, que tampoco filmó. El pozo era el peor de los castigos, me dijo. Los encerraban en una celda apenas más grande que las comunes pero sin nada, absolutamente nada, de luz. Que los reos cuando entraban cerraban bien fuerte los ojos y los iban abriendo gradualmente, muy muy despacio, intentando detectar un hilo minúsculo de luz en algún lado. En el canto de la puerta, en el borde de la cama de cemento, en cualquier lado. Si lo hallaban funcionaba como su “cine mental”, podían ver ahí lo que quisieran o eso decían. En ese espacio dejaban pasar imágenes y así no se volvían locos. Otros caminaban, sin parar, como gatos encerrados, por la celda. Después me contó que escuchó el relato de un hombre que decía que él, en cuanto lo metían, empezaba a desnudarse. Se sacaba una a una todas las prendas y las lanzaba al aire. Se entretenía juntándolas, tanteándolas en la oscuridad. Se las volvía a poner y una vez vestido empezaba de nuevo el juego, que era su manera de resistir, me dijo. La frase que más lo impresionó fue: “alcatraz no fue bueno nunca para nadie”, pero sobre todo volvió indignado con los norteamericanos. Con la excursión a la cárcel tenés incluido un pase al hoyo gratis, te dejan ahí 15 o 20 segundos para que veas cómo es, me dijo, ¿y sabés qué? ¡Estos gringos de mierda hacen cola para entrar! Son estúpidos, enfermos, vociferaba, es como si nosotros fuéramos a la Esma y nos ofrecieran picanearnos un toque all inclusive. Dijo que salen entusiasmados, y que después se compran recuerdos en la tienda de la isla. Una taza, ponele, que dice “I was in the hole”.
martes 26 de mayo de 2009
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5 ladridos acuáticos:
Tremendo...
fuerte muy fuerte
Sadismo puro.
no se si es saludable, pero probablemente si sea natural, esa curiosidad, el ponerse a si mismo en una situación en la que no se va a estar, o de la que no se sabe nada.
con respecto a la taza...que tremendo merchandaising, darle otro contexto a un sitio tan desagradable.
Es increíble. Igual está bueno que todavía nos conmueva o nos sorprenda algo así, porque a veces pienso que ya nada nos alarma, que estamos avanzando hacia un lugar que empieza dónde todo termina.
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