jueves 7 de mayo de 2009

Ganas

Quiero ver cómo es tu casa cuando la luz empieza a bajar. Saber cómo se ven los balcones de los vecinos a esa hora que el mundo se vuelve más fácil de pescar. Fijate que en nuestro mayo tan pro, tan porteño, a eso de las ocho y media nueve el sol se relaja y las siluetas comienzan a borronearse. La vida se torna algo más evidente entonces. La gente vuelve a su casa y los colectivos parecen aullar más nítido, se arriman los colectivos, besan de a poco las esquinas, las dejan tiernas. Quiero abrirme una cerveza con vos a esa hora precisa y crucial, pasada ya la siesta, quiero ver cómo se descontractura la cuidad en tus ojos y aprenderme el orden de las luces que en los otros departamentos van naciendo como brotan almejas debajo de la ola. Estoy segura que puedo estudiar la danza de esas lámparas y que cada foco ilumina el desahogo de una rutina diferente. El epílogo vespertino hamaca el horizonte, lo prologa. Sé que se puede respirar mejor durante las treguas que sueltan los crepúsculos. Y conozco la brisa que afina en los pulmones cuando las cosas despuntan y se vuelven menos fijas, más livianas. Sé que quiero ver ese rato desde tu ventana. Un día de estos. Porque ahí es más fácil vivir, seguir, y no es tanto.

1 ladridos acuáticos:

Martín dijo...

Tenes que escribir bolerazos nena!!! besote!!